Girasol o sauce llorón

Ya no sé la de veces que me he peinado las espinas, pero nada, cada una se empeña en apuntar a su infinito particular. Si aunque sea giraran todas cual girasoles hacia un mismo punto, está claro que un moño no podría hacerme, pero sí un peinado engominado y lleno de glamour.

No hay forma, ni la más fuerte de las lacas ni el sol más abrasivo del verano consiguen cambiar el rumbo de mis púas. Quién fuera sauce llorón, con ramas que bailan al compás del viento en una danza armoniosa y envolvente…

Y para colmo, mi flor natural aún está por nacer. Más vale que tengo una suplente. Está claro que combina a la perfección con mi tono de piel y que, además, no la podría llevar mejor engarzada.

Voy a ser la reina de la fiesta. Lo noto. Todos quedarán embobados con mi tocado, y éste conseguirá eclipsar la rebeldía de mis púas. A todas horas me lo pregunto, ¿quién será el valiente que me saque a bailar un tango apretadito?

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