Cuando el peaje marca el destino

Siempre quise saber qué se siente al ser de carne y hueso. Soñaba con ello cada noche. Incluso en la siesta el sueño se repetía. Y entonces me topé con Colorín. Me prometió un pasaporte al mundo real, pero la barrera de la aduana era puntiaguda y los guardas de frontera iban comandados por dos pulgares. Llegué a este mundo hecho lana y, aunque no logré ser de carne y hueso, pude ver con satisfacción que mi destino no había sido tan malo.

Mi inseparable amigo Sully había llegado descuartizado.

mike2

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